lunes, abril 26, 2010

DESPUES DE LA TORMENTA


Recupero, ya bien entrado el 2010, el impulso para volver a escribir. Han sido unos meses realmente intensos en los que mi vida ha dado algunas vueltas más de tuerca. En octubre pasé a trabajar en el Departamento de Cultura del Ayuntamiento, hecho que, trayéndome más trabajo, me supone gran satisfacción en muchos momentos. Me encargo ahora, aparte de otros muchos actos que organiza esta Regidoria, de coordinar la Sala de Exposiciones del Centro Cultural y de la Temporada de Teatro municipal. Son actividades que se desarrollan en horarios diversos y muchas veces durante el fin de semana, pero la motivación de la labor cultural me compensa lo suficiente para acabar el balance en positivo. Intento aprender todo lo rápido que puedo, sobretodo gracias a mis compañeros, que son veteranos y me han acogido con gran comprensión. Esto en lo profesional, que no es poco...

En lo familiar, el ultimo mes del 2009 y el primer trimestre de 2010 han estado marcados por una nueva crisis grave en la salud de mi madre, la tercera en un periodo de apenas año y medio. Ha sido otro duro trance que ha puesto a prueba nuestra resistencia. Soportar otros 40 de ingreso hospitalario nos ha llevado al límite, pero hemos vuelto a remontar la situacion hasta un nivel aceptable. Ahora mismo hemos recuperado una relativa normalidad, pero en un estado de alerta permanente que se ha adueñado de nuestro día a día. Presentimos que este es un nuevo paréntesis en una batalla que quién sabe cuanto tardaremos en perder. Cada día pues, es un oportunidad y un regalo: esa en la lectura positiva y ella nos agarramos como a un clavo ardiendo.

Durante los días de hospital estuve dando vueltas a la posibilidad de escribir un poema sobre esa sensación de incertidumbre y se fue transformando en un reconocimiento a toda la gente que esos días nos trataron como si fueramos una gran familia. Para todos ellos escribí esto, que hoy muestro aquí no porque crea que es gran cosa, sino en señal de agradecimiento.

TIEMPO DE HOSPITAL

Minutos que duran horas
Horas eternas como siglos
Tiempo ralentizado
En la exasperante lentitud de la mejoría,
Diluido en ese segundo fatídico
En el que todo puede irse al traste.
Inactividad agotadora,
Impotencia frustrante,
Unidas y transformadas
En fe ciega.
Fe en la diosa Medicina
Y en sus héroes,
Los hombres y mujeres que,
Cómo en la mitología clásica,
Interceden día tras día por los enfermos,
Y luchan por su vida,
Contra los estragos del tiempo y la desdicha.
Que acompañan a los familiares en el tránsito,
Descendiendo a sus infiernos personales
Para tratar de devolverlos a la luz.

Para todo el personal de la Unidad 9-1 del Servicio de Neurología del Hospital de Bellvitge por su trato a mi madre. Febrero de 2010